jueves, 1 de enero de 2015

La vida de Jesús

Jesús nación en Belén, Judea, probablemente en el año 5 a.C. Vivió la mayor parte de Su vida en Galilea, se convirtió en un predicador itinerante y en un sanador a los 30 años, pero rápidamente fue ejecutado a los 33, más o menos por sedición política. No dejó escritura alguna, pero sí un pequeño grupo de aproximadamente 120 seguidores.
No podía considerarse algo que causara una revolución religiosa. ¿Cómo es que este comienzo produjo un resultado que cambió tanto al mundo? Necesitamos buscar la calidad verdadera e interior de esta vida, interrogando a todos los testigos del Nuevo Testamento. Comenzamos pensando en los hechos básicos.



Tres años de mucha actividad
Jesús vivió en oscuridad en Nazaret, una aldea en Galilea, hasta que comenzó Su ministerio público. La verdadera historia comienza un año antes (Lucas 3:1-2), cuando Juan "el Bautista", el primo de Jesús, comenzó una corta carrera como profeta. Grandes multitudes se reunían para escucharlo (Mateo 3:5), entre ellos Jesús, cuyo bautismo por Juan en el río Jordán marcó el comienzo de Su ministerio en los cuatro Evangelios.
El Evangelio de Juan ofrece la cronología más certera del ministerio de Jesús, donde se mencionan tres Pascuas (incluyendo la Pascua en la que fue ejecutado). Se puede decir de su muerte fue en Abril a la edad de 33; de modo que desde algún momento por tres años y medio viajó por Galilea, Samaria y Judea (en ese entonces dominadas por los romanos). De vez en cuando viajaba por fuera del territorio judío tradicional (Mateo 15:21; 16:13), pero básicamente se confinaba a "las ovejs descarriadas del pueblo de Israel", como Él los llamaba (Mateo 10:6). Tenía grandes poderes sanadores, que creaban una gran respuesta. Pero todos los Evangelios concuerdan que lo que cautivaba a la gente eran sus enseñanazas, que transmitían un sentimiento poderoso de significado misteriosos acerca de su persona.

El mensaje de Jesús
De acuerdo a Mateo, la proclamación de Jesús era la misma que la de Juan "el Bautista": "Arrepiéntansen, por que el reino de los cielos está cerca" (Mateo 3:2; 4:17). Pero comparado con Juan, Jesús le dió un giro diferente a este mensaje. "El Reino de Dios" (o "del cielo") era una idea potente par los judíos, expresando su sentimiento de que su expectativa de que algún día Dios mismo llegaría a librarlos del dominio del extranjero y volvería a establecerlos como su pueblo elegido. Entonces, "el reino de los cielos está cerca" era un mensaje lleno de carga política y fervor revolucionario.
Pero Juan y Jesús intentaron armonizar la excitación política. Juan enfatizó la respuesta de arrepentimiento personal, y se mantuvo alejado de Jerusalén, donde todos los revolucionarios mesíanicos presionarían su causa. Además, habló de "el que viene después" de él (Mateo 3:11), con quien realmente llegaría el reino. De manera similar, Jesús se rehusó a proclamarse a si mismo como el Mesías y evitó los argumentos políticos. Cuando le preguntaron si apoyaba o no los impuestos de Roma (un tema urgente de todos), Él redireccionó la pregunta en cuanto al deber a Dios (Lucas 20:21-26). Rompió con los tabúes religiosos al acercarse a los parias y a los "intocables" y proclamó un reino en el que los pobres son bendecidos y los santurrones condenados.

Más que un profeta
Llegó un momento en que una emocionada multitud de Pascua quería hacer de Jesús un rey (Juan 6:15). Jesús se rehusó a precipitar una sedición. Él predicaba un reino de Dios que de alguna manera ya había llegado (ver, Lucas 17:20-21).
Aquí es que debemos considerar esa cualidad misteriosa, lo que separaba a Jesús de Juan y de todos los profetas, una cualidad que la gente encontraba difícil de definir, pero que llevaba a los primeros cristianos a sentir que en Jesús habían conocido a Dios de una manera única. Mientras Juan le dijo a sus discípulos que se prepararan para la llegada del reino, Jesús y sus discípulos se prepararon para celebrar la llegada del mismo (Marcos 2:18-20). Los enfermos fueron sanados, cumpliendo así las Escrituras que prometieron la presencia de Dios con su pueblo (Mateo 11:2-6; Isaías 35:4-6). Jesús perdonó los pecados con una autoridad divina, y la gente se sintió perdonada (Marcos 2:1-12; Lucas 7:36-50). "Enseña como quien tiene autoridad, y no como los escribas" (Mateo 7:29).
¿Qué le dio estas cualidades a Jesús?¿Era simplemente el poder de una personalidad única?¿O -la perspectiva que comenzó a llamar la atención a las autoridades religiosas- que pudo ejecer control sobre los demonios (Lucas 11:15; Juan 8:48)? Además, las autoridades comenzaron a sentirse amenazadas cuando Jesús comenzó a criticarlos directamente en el último año de su ministerio (Ver Mateo 23; Juan 8:42-47).

Muerte y resurrección
En esta situación que era cada vez más tensa, Jesús comenzó a predecir su propia muerte, pero los Evangelios se unen a informar que también predijo su propia resurrección y que hablar de su muerte como "por muchos", "para que el mundo viva" (Marcos 10:45; Juan 6:51; Lucas 18:31-34). ¿Este antiguo pensamiento cristiano es leido de sus labios? En la busqueda de la perspectiva cristiana de que la muerte de Jesús fue planificada por Dios como un término de salvación, la mejor candidata sigue siendo que Jesús mismo comenzó a hablar de su muerte de esta manera, y esperó su propia resurrección para cumplir con las mismas Escrituras que ya se habían cumplido en parte por medio de su ministerio.

Exigió y recibió una gran respuesta de sus discípulos (Marcos 10:28-31). Cuando creció la convicción de su resurrección, esto se tornó el corazón, como veremos, de toda la vida y la adoración cristiana auténtica.

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