Jesús nación en Belén, Judea, probablemente en el año 5 a.C. Vivió
la mayor parte de Su vida en Galilea, se convirtió en un predicador itinerante
y en un sanador a los 30 años, pero rápidamente fue ejecutado a los 33, más o
menos por sedición política. No dejó escritura alguna, pero sí un pequeño grupo
de aproximadamente 120 seguidores.
No podía considerarse algo que causara una revolución religiosa.
¿Cómo es que este comienzo produjo un resultado que cambió tanto al mundo?
Necesitamos buscar la calidad verdadera e interior de esta vida, interrogando a
todos los testigos del Nuevo Testamento. Comenzamos pensando en los hechos
básicos.
Tres años de mucha actividad
Jesús vivió en oscuridad en Nazaret, una aldea en Galilea, hasta
que comenzó Su ministerio público. La verdadera historia comienza un año antes
(Lucas 3:1-2), cuando Juan "el Bautista", el primo de Jesús, comenzó
una corta carrera como profeta. Grandes multitudes se reunían para escucharlo
(Mateo 3:5), entre ellos Jesús, cuyo bautismo por Juan en el río Jordán marcó
el comienzo de Su ministerio en los cuatro Evangelios.
El Evangelio de Juan ofrece la cronología más certera del
ministerio de Jesús, donde se mencionan tres Pascuas (incluyendo la Pascua en
la que fue ejecutado). Se puede decir de su muerte fue en Abril a la edad de
33; de modo que desde algún momento por tres años y medio viajó por Galilea,
Samaria y Judea (en ese entonces dominadas por los romanos). De vez en cuando
viajaba por fuera del territorio judío tradicional (Mateo 15:21; 16:13), pero
básicamente se confinaba a "las ovejs descarriadas del pueblo de
Israel", como Él los llamaba (Mateo 10:6). Tenía grandes poderes
sanadores, que creaban una gran respuesta. Pero todos los Evangelios concuerdan
que lo que cautivaba a la gente eran sus enseñanazas, que transmitían un
sentimiento poderoso de significado misteriosos acerca de su persona.
El mensaje de Jesús
De acuerdo a Mateo, la proclamación de Jesús era la misma que la
de Juan "el Bautista": "Arrepiéntansen, por que el reino de los
cielos está cerca" (Mateo 3:2; 4:17). Pero comparado con Juan, Jesús le
dió un giro diferente a este mensaje. "El Reino de Dios" (o "del
cielo") era una idea potente par los judíos, expresando su sentimiento de que
su expectativa de que algún día Dios mismo llegaría a librarlos del dominio del
extranjero y volvería a establecerlos como su pueblo elegido. Entonces,
"el reino de los cielos está cerca" era un mensaje lleno de carga
política y fervor revolucionario.
Pero Juan y Jesús intentaron armonizar la excitación política.
Juan enfatizó la respuesta de arrepentimiento personal, y se mantuvo alejado de
Jerusalén, donde todos los revolucionarios mesíanicos presionarían su causa.
Además, habló de "el que viene después" de él (Mateo 3:11), con quien
realmente llegaría el reino. De manera similar, Jesús se rehusó a proclamarse a
si mismo como el Mesías y evitó los argumentos políticos. Cuando le preguntaron
si apoyaba o no los impuestos de Roma (un tema urgente de todos), Él
redireccionó la pregunta en cuanto al deber a Dios (Lucas 20:21-26). Rompió con
los tabúes religiosos al acercarse a los parias y a los "intocables"
y proclamó un reino en el que los pobres son bendecidos y los santurrones
condenados.
Más que un profeta
Llegó un momento en que una emocionada multitud de Pascua quería
hacer de Jesús un rey (Juan 6:15). Jesús se rehusó a precipitar una sedición.
Él predicaba un reino de Dios que de alguna manera ya había llegado (ver, Lucas
17:20-21).
Aquí es que debemos considerar esa cualidad misteriosa, lo que
separaba a Jesús de Juan y de todos los profetas, una cualidad que la gente
encontraba difícil de definir, pero que llevaba a los primeros cristianos a
sentir que en Jesús habían conocido a Dios de una manera única. Mientras Juan
le dijo a sus discípulos que se prepararan para la llegada del reino, Jesús y
sus discípulos se prepararon para celebrar la llegada del mismo (Marcos
2:18-20). Los enfermos fueron sanados, cumpliendo así las Escrituras que
prometieron la presencia de Dios con su pueblo (Mateo 11:2-6; Isaías 35:4-6).
Jesús perdonó los pecados con una autoridad divina, y la gente se sintió
perdonada (Marcos 2:1-12; Lucas 7:36-50). "Enseña como quien tiene
autoridad, y no como los escribas" (Mateo 7:29).
¿Qué le dio estas cualidades a Jesús?¿Era simplemente el poder de
una personalidad única?¿O -la perspectiva que comenzó a llamar la atención a
las autoridades religiosas- que pudo ejecer control sobre los demonios (Lucas
11:15; Juan 8:48)? Además, las autoridades comenzaron a sentirse amenazadas
cuando Jesús comenzó a criticarlos directamente en el último año de su
ministerio (Ver Mateo 23; Juan 8:42-47).
Muerte y resurrección
En esta situación que era cada vez más tensa, Jesús comenzó a
predecir su propia muerte, pero los Evangelios se unen a informar que también
predijo su propia resurrección y que hablar de su muerte como "por
muchos", "para que el mundo viva" (Marcos 10:45; Juan 6:51;
Lucas 18:31-34). ¿Este antiguo pensamiento cristiano es leido de sus labios? En
la busqueda de la perspectiva cristiana de que la muerte de Jesús fue
planificada por Dios como un término de salvación, la mejor candidata sigue
siendo que Jesús mismo comenzó a hablar de su muerte de esta manera, y esperó
su propia resurrección para cumplir con las mismas Escrituras que ya se habían
cumplido en parte por medio de su ministerio.
Exigió
y recibió una gran respuesta de sus discípulos (Marcos 10:28-31). Cuando creció
la convicción de su resurrección, esto se tornó el corazón, como veremos, de
toda la vida y la adoración cristiana auténtica.
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