Una
mañana, cuando tenía seis años, su maestra le explicó a la clase cómo muchos
niños en África tenían que andar durante kilómetros para conseguir agua.
"Recuerdo
que otro alumno preguntó cuánto tenían que andar para llegar a un lugar con
agua potable y ella respondió cinco mil pasos", relata por teléfono
Hreljac, que hoy tiene 22 años.
"Conté
los pasos que yo tenía que dar desde el aula a la fuente más cercana y eran
solo diez".
Aquello
le conmovió. Se enteró de que una asociación canadiense construía pozos en
África y decidió que recaudaría lo suficiente para construir uno.
El
primer pozo
Equivocadamente,
pensaba que un pozo costaba US$70.
"Después
de cuatro meses, ayudando en las tareas domésticas para conseguir el dinero, me
dijeron que un pozo costaba en realidad unos US$2.000.
Lejos
de abandonar su ilusión, Hreljac explica que empezó a pedir ayuda y poco a poco
fue ganándose el favor de los que le rodeaban.
"Primero
se sumaron mis amigos y mis padres (un policía y una funcionaria regional),
luego mis compañeros de clase, luego toda la escuela, más tarde la escuela
cercana...".
Después
de un año, reunió el dinero y con él se construyó un pozo en la Escuela de
Primaria Angolo, en el norte de Uganda. Ryan asistió con sus padres a la
ceremonia de apertura en la que los alumnos corearon su nombre.
Animado
al ver que su esfuerzo estaba dando resultados, decidió que no debía
conformarse con eso y así nació Ryan´s Well Foundation.
La
ONG que fundó ha ayudado a construir más de 700 pozos y calcula que ha
facilitado el acceso al agua potable a unas 736.000 personas en unos 30 países,
en África, Asia y Centroamérica.
Al
leer esta historia me hace recordar el pasaje bíblico donde Jesús se encuentra
en el poso de Jacob pidiéndole agua a una mujer samaritana.
Y
estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así
junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua;
y Jesús le dijo: Dame de beber. Juan 4:6-7.
Que
sorpresa se llevó esta mujer ya que el hombre que le pedía de beber era un
judío y tradicionalmente estos dos pueblos eran enemigos.
La
mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que
soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Juan
4:9.
Pero
el Señor le responde que él tiene un agua que hará que el que la tome nunca
tenga sed jamás.
Respondió
Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame
de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. Juan 4:10.
Al
seguir la conversación la mujer queda al descubierto y se da cuenta que el
hombre con quien habla es el Mesías prometido y que él tiene la respuesta que
su alma necesita y el agua espiritual que saciaría su sed.
En
la historia del niño canadiense vemos el trabajo tan arduo que realizo este y
los suyos para llevar agua a personas que no conocían, pero que necesitaban
agua para no morir como lo venían haciendo.
Hoy
la Palabra al Corazón, quiere traerte un agua que mitigará tu sed, ya que la
humanidad se está muriendo por deshidratación espiritual, pues se han alejado
de Dios, esa fuente inagotable agua de vida. Aprovecha y acércate a este pozo y
bebe el agua de vida que te ofrece el salvador.



