La razón de todo
El Nuevo Testamento existe solo por Jesús de Nazaret. A pesar de
que no escribió nada. Él fue la causa del Nuevo Testamento -una colección de
escrituras de una calidad tan extraordinaria que moldeó la historia del mundo y
continúa afectando profundamente las vidas de aquellos que las leen.
Aún así, es extraño que menos de la mitad del Nuevo Testamento (47
por ciento) relata directamente la vida y las enseñanzas de Jesús. EL resto son
descripciones del efecto que tuvo en las personas luego de Su muerte. A pesar
de que los Evangelios resaltan el poderoso impacto en algunos individuos, Su
vida parece haber acabado en un fracaso.
Pero todo eso cambió luego de Su muerte. De pronto hubo miles de
discípulos y en pocos años incluso los que se oponían a este nuevo movimiento
de Jesús reconocieron que había "trastornado el mundo entero" (Hechos
17.6).
La resurrección
¿Por qué este cambio repentino? El Nuevo Testamento gira en torno
a esto, enfocando la razón por la resurrección de Jesús de la muerte. Esto es
central para el fenómeno literario al que llamamos "Nuevo Testamento".
De pronto Jesús se volvió el contenido del mensaje en lugar de la fuente del
mismo. A diferencia de otros discípulos de grandes maestros, los primeros
apóstoles cristianos, que escribieron el Nuevo Testamento, no se veían así mismos como narradores de una tradición -la historia de Su vida y los relatos
de Sus enseñanzas. En lugar de eso, eran declaraciones del Salvador, que por
medio de Su muerte y Su resurrección nos abrió el cielo a todos.
No es que las memorias de la vida de Jesús no fueran importantes:
la presencia misma de los Evangelios en el Nuevo Testamento demuestran lo
vitales que fueron para los primeros cristianos. Pero el otro 53 por ciento del
Nuevo Testamento, comenzando con Hechos, surgen principalmente de esta
convicción acerca de Su resurrección y su importancia.
La antigua confesión de fe en (por ejemplo) Filipenses 2.6-11 o 1
Timoteo 3.16 resumen el mensaje de una hermosa manera.
Entonces, ¿quién era Jesús?
Por su estructura misma, el Nuevo Testamento obliga al lector a
decidir si acepta o no la confesión apostólica de Jesús como el Salvador y
Señor. Pero esa decisión no es el único desafío del Nuevo Testamento.Aquellos
que hacen la confesión siguen enfrentados con el desafío de la historia:¿quién
fue Jesús?.
En 1892 Martin Kälher, profesor de Teología en Liepzig, publicó un
artículo de alta influencia titulado: "El llamado Jesús histórico y el
Cristo bíblico real". Preocupado por los intentos del siglo XIX de
escribir una biografía psicológica de Jesús y por lo tanto hacerlo
"común" y tal vez más aceptable, Këlher sostuvo que debemos ver que
el Jesús "verdadero" (alemán: geschichttlich) no es una figura reconstruida, comprendida por los canales de las investigaciones históricas. Simplemente es el Jesús atestiguado por el Nuevo Testamento - el Salvador y
Señor.
La distinción de Këlher es realmente atractiva para los cristianos
que afrontan preguntas complicadas como, "¿Cómo podemos estar seguros de
que Jesús era como se lo describe en el Nuevo Testamento?" Sería bueno
responder: "No permito esa pregunta -porque mi fe yace no solo en lo que
era Jesús, sino en lo que es, el 'Cristo bíblico'".
Una pregunta inevitable
La dificultad es que la confesión central del Nuevo Testamento
está en el tiempo pasado: es una confesión que "Cristo murió por nuestros
pecados según las escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer
día" (1 Corintios 15.3-4). Explica el hecho histórico de Su muerte
("por nuestros pecados"). Declara que la promoción de Su resurrección
no es ilusoria, sino que apunta a otro hecho histórico real de suma
importancia. Luego construye confesión en el tiempo presente ("Jesús es el
Señor" 1 Corintios 12.3) y confesiones en el tiempo futuro (el "Señor
volverá" 1 Tesalonicenses 5.2) en esta base histórica.
Entonces los cristianos no pueden evitar el desafío de la pregunta
histórica, "¿En verdad sucedió?¿Jesús era así?", a pesar de que su fe
pueda apoyarse sobre una experiencia de vida del Espíritu Santo en el presente.
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